Tengo raíces salmantinas,
y en mi ser
se cumple el dicho:
"borrachina y fina".
Tengo raíces cordobesas,
que me hacen tener
los ojos como el
búho que está
posado en su melena.
Córdoba me hace amar
las flores, el olor a paz y
el flamenco que corre
por las venas
de los cantaores
de la mar.
Salamanca me hace sentir,
que estoy en la mismísima
Florencia,
degustando el mejor jamón
que se ha posado
en mi paladar.
Son ciudades con encanto,
en las que puedes perderte
para volver a encontrar
tu alma floreciendo
en el mismísimo cnidario.
He sentido que mi ser despegaba
como el águila que sobrevuela
su mirada
a diario.
No me olvido de mi querida Madrid,
lecho de mi florecimiento,
fuente por la que brotan
millones de estrellas,
cuando observas
el cielo abierto.