Estaba en la cocina de la abuela, preparando la cena y la familia entraba a saludarla. Tere ya no lucía de la misma manera. Sus ojos estaban brillantes y con una sonrisa en los labios. Se hallaban veinte sillas en el salón y en una de ellas estaba un hombre disfrazado, bailando «La Macarena». Tere sonreía, sabiendo que la vida le había dado una nueva oportunidad de abrazar a su familia en la noche más deslumbrante del año. Y Domingo aparecía con la bolsa de los regalos y nos contaba el discurso más largo del año. La abuela presidía la mesa callada sin mostrar lo que sentía: «mis nietas son unas artistas». Todo permanece en el alma. En definitiva, como dicen las sabias lenguas: «nadie muere si en verdad no es olvidado».
PD: Texto escrito durante un taller impartido por Andrea Mateos @prepyus. Y es que con Andrea todo surge como el agua que corre a través del río. ¡Gracias, preciosa!
Jessica Delgado Pulgarín