ALMERÍA
El enano permanece sin los dientes
de la historia sin espacios sabios
por una brisa abierta y cerrada
entre los senos de una belleza inefable.
El enano permanece sin los edificios
reunidos a través del palmarés deshecho
de rabia permanente en los oídos
destrozados por un sonido
ensordecedor y su palmarés embrutecido
se hizo brisa en mi sentido auditivo.
Supe desde el primer beso no dado
en la mano. Repito: supe
y afirmo: fui un tulipán taladrado,
pues su mirada fue el exterminio
del abrazo elevado en las penumbras
de la habitación devuelta hacia la ciudad
donde nació una pasión de almidón.
Es la segunda pasión de almidón
y sus flores no vuelven a mí.
Ubi sunt? Ubi sunt? Ubi sunt?
¿Y qué más da? ¿Y qué más da?
¿Y qué más da? ¿Y qué más da?
La diosa de Ébano aparece detrás
diciendo sobre las sábanas del sofá:
«su pelo volverá a visitarte,
pero la dama del amanecer ya no está
dispuesta
a ver sus labios inertes y mordidos
por la serpiente del deseo global y
[sublime».
Vuelve la diosa de Ébano y el enano sigue andando y yo
ya no necesito esperar su respuesta
silenciada
breve
preciosa
precisa
y los ciervos de mi cerumen
siguen vivos en mí.
Y los ciervos de mi cerumen
gritan: «todos vuelven a su lugar mortal».
Adiós al cemento desatado
de la sangre italiana de sus besos
ligeramente asustados.
La biznaga no existe y la mariposa
es el abrigo sostenido entre el beso [paciente. ¿Susurro solicitado?
¿Beso paciente?
Si fuese paciente,
ya habría sido dirigido por la medicina.
¿Ibuprofeno? Ubi sunt?
¿Paracetamol? Ubi sunt?
Se estrellan Petrus y Gonsalvus
en la pila de sus versos de arena.
Ubi sunt? Ubi sunt?
Ella no desea sus besos sublimados
desde la filmoteca de su efeméride.
Un, dos, tres: cabeza hueca
no vuelva a repetir la misma historia de siempre. Cambia de
pose
y retrocede a su sonrisa dorada
desde el sonido inerte de sus deseados senos y su espléndida mirada.
Romero de Torres
me llama y me dice.
Jessica Delgado Pulgarín