REFLEXIONANDO… Mi última obra literaria
#Pelo forma parte de mi alma, pero ya es para todos y de todos vosotros, mis lectores de corazón.
Reconozco que de las dos obras que tengo publicadas #pelo es la que más me ha resultado complicada en todos los sentidos. Asumir los baches, leer los aforismos y reconocer que yo los escribí… Algunos tan filosóficos, otros tan mortales y otros tan amorosos…
Es decir, si mi obra es criticada destructivamente tanto de frente como de espaldas, siento en mi corazón un puñal y una raja que jamás me hará volver a confiar en esa persona. Al final de asumir la emoción, no es rencor, no es rabia, no es dolor, es simplemente proteger mi salud mental.
Proteger mi salud mental, para que de mis próximos textos broten emociones que sean luminosas a pesar de que se halle el sufrimiento.
Verso sobre el dolor y hablo de esta emoción en multitud de ocasiones, porque a pesar de mis 33 años, he aprendido a estar presente, dándome palazos en el camino. Sabiendo quién entra en el primer círculo y quién se queda lejos, aunque siempre mandando amor. No, por el karma, sino porque el amor es la única emoción que salva el mundo.
Las emociones dolorosas deben ser síntoma de celebración, pues son las únicas que enseñan al humano a seguir en el show del planeta Tierra.
Con este texto no pretendo herir el ego de nadie, sino pretendo hablar desde el corazón, afirmando que mi última obra es un compendio de emociones y de temas al que acudiré en cualquier momento.
Mi manera de escribir sigue la línea del agradecimiento, del amor y de la sanación. Muchas veces escribo para entender el mundo. Alguna vez he pensado que soy altamente sensible, pues capto las emociones como el vuelo de los insectos. No obstante, ya estoy aprendiendo que las emociones exaltadas hacen que el alma se estanque en el platonismo.
Así que, seguiré escribiendo lo que mi alma dicte le guste o no al vulgo, pues es vulgo quien no lee y critica.
Vuelvo a reiterar, no, no pretendo herir el ego de nadie, sino quiero reflexionar desde lo más profundo de mi ser y saber que he aprendido lo que es la amistad, dándome golpes como el pan gallego: grande y con buena masa madre.
Amigos de verdad, no tengo tantos, son muy pocos a los que he hablado desde lo más hondo de mí. Son muy pocos los que saben qué permanece en mis adentros. Y de eso, sí me siento muy orgullosa, porque para mí son una guía que iluminan mi camino. Ellos sí saben cómo soy. Ellos, sí.
Jessica Delgado Pulgarín