domingo, 29 de enero de 2023

CUENTO PLUS

[Ponle título en comentarios]

Susana hacía mucho tiempo que no sentía esa mirada de deseo y esa conexión que rompe las barreras de la sensación prohibida. Y es que cuando dos almas se conectan en una misma sintonía lo único que les queda es unirse físicamente. Y navegar en contra de la marea a pesar de las promesas y a pesar de que Sussie se tire a la piscina sin flotador y de cabeza; queriendo ser una mujer empoderada, dominando la situación y sintiendo que sus brazos se despliegan en otro cuerpo y, que por fin, son deseados y respetados. Sussie se estaba sintiendo mujer y no podía reprimir sus deseos más íntimos. Se le había olvidado cómo se tenía que relacionar con una persona que ponía su semilla rosada a novecientos caballos. Se quedaba sin voz… Solo quería volver a ver a ese hombre y sentir sus manos entre sus caderas. Deseaba acariciar esa sensación que le cortaba la respiración y la dejaba sin voz, sin razón, sin sentido y sin argumentos. Sussie estaba deseando a un hombre y si no pasaba a la acción el tiempo iba a suceder. Como sucede la marea, los tsunamis y los terremotos… de manera lenta y con una única opción: morir o vivir. Y Susana quería seguir viviendo en el deseo de lo más recóndito de su alma. Tírate a la piscina o morirás –pensaba Sussie. Su amiga le había dicho que se lanzará de cabeza y que cómo no lo hiciese se beberían tres botellas de vino. Y, sí, Susana ya tiene otra musa, amiga. Susana se acabará lanzando a por el león. Y seguirá volando después de mucho tiempo sin hacerlo. Volará y así será ella. Un ave que jamás debió de hacerse hormiga.

.
.
.
.

PD: este cuento está dedicado a la filóloga y profesora más top del Universo. Ella sabe quién es. El alma que ilumina cualquier fiesta y que me hace reír aun cuando estoy empanada.

Jessica Delgado Pulgarín 

jueves, 26 de enero de 2023

Secretos en el crepúsculo de su alma

Ella sintió que la semilla rosada se iba a partir en dos y la energía fluía por todo su cuerpo. No sabía qué hacer ni qué decir ante el espectáculo del invierno; pero siguió sintiendo dentro de su cuerpo una corriente de agua, que no le permitía sostenerse en pie. Ella estaba cayendo en los brazos y en el cuerpo del águila. El ave sostenía su espalda con dos manos, que no sabían posarse, por culpa de la cola de caballo. Y es que no hace falta que posase las manos en sus omóplatos. Sus energías se hallaban unidas por una manta, que no estaba allí. No hacían falta palabras, porque eso sobra en momentos de absoluta conexión. Solo las miradas de ambos animales hablaban, puesto que el fuego labraba la situación. El invierno se hallaba en ese lugar, pero el verano estaba dentro de sus cuerpos. No quería reconocerlo ni hablar. Solo quería sentir el agua y el cuerpo del ave en su piel. Ella quería que no pasase el invierno… Ella se sintió mujer y ya no había retroceso… Acarició el alba sin haber amanecido y fue un soplo de aire caliente, que la dejó rendida en sus alas imperiales. Secretos en el crepúsculo de su alma. Que no se despierten. Duerme en su estómago y renace mañana. Solo así pasará el calor.

Jessica Delgado Pulgarín

domingo, 22 de enero de 2023

Venganza y deseo sexual

Jamás pensó que iba a volver a suceder el deseo sexual más íntimo dentro de su simiente. Que iba a desear pisar otra piedra, cuando ya estaba labrando un camino con la oveja. Sin embargo, llegó Garfield y rompió los papeles, chocando su mano contra unas alas a punto de caerse por las escaleras del secreto. 

En ese tiempo, volvió Petrus Gonsalvus por séptima vez, compartiendo su pelambrera con la tigresa. Su cabello ya no le importa, ni su tez roja, ni sus ojos, ni su boca, ni sus mensajes leídos, ni su crítica barata hacia los textos de la mariposa, ni su: «lo compraré»…. Ya no se pregunta: «por qué el verde es rojo ni el rojo es verde». Ese verso ya no concuerda con su realidad. Las alas solo desean sentirse empoderadas y que Manolete vuelva a torear en Málaga y cerrar su boca llena de peste bubónica. No escriben las alas este texto para ensalzar su ego de macho cabrío, sino para reventar la mierda que tiene en su alma y que la expulse por la boca cual endemoniado. 

El Sol ya no desea escribir sobre ese ser despeinado. Aunque, volverá a caer por el precipicio de lo que se ha enterado el vecino.

Vuelve a su pensamiento Garfield e irrumpe en la vida de las alas poderosas y sin ningún atisbo de esperar nada a cambio, sino de que pase el maldito tiempo y que vuelva a suceder ese pegamento llamado venganza y deseo sexual.

No lo esperaban las alas, pero sucedió y solo queda asumir que vuelva a salir el sol por la ventana y que el deseo nunca se muera. Nunca se muera, porque forma parte de la vida.

Vida que desea sentir en libertad…

Libertad que desea ser vivida…

Vive, aunque una se tropiece otra vez…

Vive y siente y vuelve a sentir y agarra ese deseo sexual como si fuese el último día de su vida.

Desea, desea y siente el ardor en la simiente del pecado.

Eso es lo que la tumba guardará de por vida.  


Jessica Delgado Pulgarín 




miércoles, 18 de enero de 2023

Abran fuego de mí

No quedan luces en el habitáculo 
de la ladera de mi cintura
partida en dos
por un
martillo.

Herramienta con ojos de ratón,
que resquebraja y, a la vez,
enciende mi instinto animal
como si fuese una bala,
que no se puede accionar,
puesto que el presente
se volvería pasado y 
el futuro sería
la bala y la pistola,
haciendo del firmamento:
una vela ante dos cuerpos
desnudos.

¿Cómo podemos desnudarnos 
sin que nadie
aprecie el sonido del mar?

¿Cómo me puedo desnudar?
Si mis ojos negros hablan,
cuando la luz tenue de mi voz
permanece callada.

Silencio.
Algo he aprendido con 31 campanadas
en mi costado.
Saltar con las olas del mar
y dormir bajo el regazo
de mi deseo.
No ahogar, no intoxicar,
acariciar la palidez
con mis ojos
y permanecer en silencio
ante mi instinto de tigresa en celo.

Silencio y una llama
arderá.

Jessica Delgado Pulgarín 



 
 

lunes, 16 de enero de 2023

Amor y culpa

El amor no es solo deseo, sino también es hogar. Esa seguridad de la que está sentada en una montaña y si se lanza en parapente, sabe que tiene un bastón, que le llevará a otro nivel. El deseo no es perpetuo, morirá o llevará a la rehén a cometer el error de ser otra piedra, que se cae en un pozo. El agujero negro marca una línea gris en el alma de la adúltera. No se olvida, pero un casco de visión 3D se crea en su cabeza y, a pesar de que vuelva a desear lo prohibido, es consciente de que el amor ganará más allá de la eternidad. Crecer, crecer y crecer es la llave de la madurez y la fidelidad. Y, aunque creamos que la fidelidad no existe en tiempos perversos en los casos donde Él está presente, gana por encima de cualquier suceso. El amor es la fuerza motora que me hace levantarme cada mañana y dar gracias a Él por haberlo conocido tan pronto. Y no solo a la balanza, sino a todas las personas que me rodean y siguen mis pasos de cerca. No atravieses la puerta del deseo, puesto que verás detrás de ti, la agonía del que muere, pero no llega al Cielo. Él, mi bastón y mi balanza, el que me lleva fuera de la zona de confort y me acompaña en todos mis proyectos. Veinte años y crecí, sabiendo que mi corazón ya era parte de ti.

Jessica Delgado Pulgarín.

viernes, 13 de enero de 2023

CONEXIÓN EN LA DANZA

«El hombre es el único animal que cae dos veces sobre la misma piedra».

Refranero español

Sentir que dos cuerpos fluyen con el sonido de los altavoces y no puedes darle al botón de volver al principio; puesto que lo que ha comenzado en el movimiento, no se puede negar. Es como decir que las vacas vuelan, ya que han sido disfrazadas con unas alas. Solo queda que los dos cuerpos sigan conectados y que suceda lo que en el destino esté escrito.

Jessica Delgado Pulgarín 

miércoles, 11 de enero de 2023

Silencioso deseo

Agua y fuego transitan por el cuerpo,

cuando la oscuridad se ha formado

en los senos de una mariposa.


Triángulo sostenido por una mano,

que roza el Monte de Venus.

El frío intenso de un pico

mojado en secreto.


La fragilidad y el poder

del momento prohibido,

aquel que una nunca se espera,

pero llega.


Y Venus se viste 

como un río caudaloso,

sin alcanzar ese hielo

escondido entre las piernas.


Flechas sin acariciar,

Alpes sin caminar,

cuerpos en la hoguera

y el deseo se hace semilla en el alma.


Arde el cuerpo del insecto,

porque la manzana es un pecado,

pero el calor se hace visible

en los ojos del que esconde una llama.


Arde y arde la simiente, 

cuando roza el casco del Edén.


Arde y arde la flecha,

cuando acaricia a la leona incendiada.


Quizás, él arde, 

pero yo he imaginado las estrellas

en sus brazos.


Jessica Delgado