Jessica Delgado Pulgarín
jueves, 26 de enero de 2023
Secretos en el crepúsculo de su alma
Ella sintió que la semilla rosada se iba a partir en dos y la energía fluía por todo su cuerpo. No sabía qué hacer ni qué decir ante el espectáculo del invierno; pero siguió sintiendo dentro de su cuerpo una corriente de agua, que no le permitía sostenerse en pie. Ella estaba cayendo en los brazos y en el cuerpo del águila. El ave sostenía su espalda con dos manos, que no sabían posarse, por culpa de la cola de caballo. Y es que no hace falta que posase las manos en sus omóplatos. Sus energías se hallaban unidas por una manta, que no estaba allí. No hacían falta palabras, porque eso sobra en momentos de absoluta conexión. Solo las miradas de ambos animales hablaban, puesto que el fuego labraba la situación. El invierno se hallaba en ese lugar, pero el verano estaba dentro de sus cuerpos. No quería reconocerlo ni hablar. Solo quería sentir el agua y el cuerpo del ave en su piel. Ella quería que no pasase el invierno… Ella se sintió mujer y ya no había retroceso… Acarició el alba sin haber amanecido y fue un soplo de aire caliente, que la dejó rendida en sus alas imperiales. Secretos en el crepúsculo de su alma. Que no se despierten. Duerme en su estómago y renace mañana. Solo así pasará el calor.
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