domingo, 22 de enero de 2023

Venganza y deseo sexual

Jamás pensó que iba a volver a suceder el deseo sexual más íntimo dentro de su simiente. Que iba a desear pisar otra piedra, cuando ya estaba labrando un camino con la oveja. Sin embargo, llegó Garfield y rompió los papeles, chocando su mano contra unas alas a punto de caerse por las escaleras del secreto. 

En ese tiempo, volvió Petrus Gonsalvus por séptima vez, compartiendo su pelambrera con la tigresa. Su cabello ya no le importa, ni su tez roja, ni sus ojos, ni su boca, ni sus mensajes leídos, ni su crítica barata hacia los textos de la mariposa, ni su: «lo compraré»…. Ya no se pregunta: «por qué el verde es rojo ni el rojo es verde». Ese verso ya no concuerda con su realidad. Las alas solo desean sentirse empoderadas y que Manolete vuelva a torear en Málaga y cerrar su boca llena de peste bubónica. No escriben las alas este texto para ensalzar su ego de macho cabrío, sino para reventar la mierda que tiene en su alma y que la expulse por la boca cual endemoniado. 

El Sol ya no desea escribir sobre ese ser despeinado. Aunque, volverá a caer por el precipicio de lo que se ha enterado el vecino.

Vuelve a su pensamiento Garfield e irrumpe en la vida de las alas poderosas y sin ningún atisbo de esperar nada a cambio, sino de que pase el maldito tiempo y que vuelva a suceder ese pegamento llamado venganza y deseo sexual.

No lo esperaban las alas, pero sucedió y solo queda asumir que vuelva a salir el sol por la ventana y que el deseo nunca se muera. Nunca se muera, porque forma parte de la vida.

Vida que desea sentir en libertad…

Libertad que desea ser vivida…

Vive, aunque una se tropiece otra vez…

Vive y siente y vuelve a sentir y agarra ese deseo sexual como si fuese el último día de su vida.

Desea, desea y siente el ardor en la simiente del pecado.

Eso es lo que la tumba guardará de por vida.  


Jessica Delgado Pulgarín 




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