de la ladera de mi cintura
partida en dos
por un
martillo.
Herramienta con ojos de ratón,
que resquebraja y, a la vez,
enciende mi instinto animal
como si fuese una bala,
que no se puede accionar,
puesto que el presente
se volvería pasado y
el futuro sería
la bala y la pistola,
haciendo del firmamento:
una vela ante dos cuerpos
desnudos.
¿Cómo podemos desnudarnos
sin que nadie
aprecie el sonido del mar?
¿Cómo me puedo desnudar?
Si mis ojos negros hablan,
cuando la luz tenue de mi voz
permanece callada.
Silencio.
Algo he aprendido con 31 campanadas
en mi costado.
Saltar con las olas del mar
y dormir bajo el regazo
de mi deseo.
No ahogar, no intoxicar,
acariciar la palidez
con mis ojos
y permanecer en silencio
ante mi instinto de tigresa en celo.
Silencio y una llama
arderá.
Jessica Delgado Pulgarín
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