Susana hacía mucho tiempo que no sentía esa mirada de deseo y esa conexión que rompe las barreras de la sensación prohibida. Y es que cuando dos almas se conectan en una misma sintonía lo único que les queda es unirse físicamente. Y navegar en contra de la marea a pesar de las promesas y a pesar de que Sussie se tire a la piscina sin flotador y de cabeza; queriendo ser una mujer empoderada, dominando la situación y sintiendo que sus brazos se despliegan en otro cuerpo y, que por fin, son deseados y respetados. Sussie se estaba sintiendo mujer y no podía reprimir sus deseos más íntimos. Se le había olvidado cómo se tenía que relacionar con una persona que ponía su semilla rosada a novecientos caballos. Se quedaba sin voz… Solo quería volver a ver a ese hombre y sentir sus manos entre sus caderas. Deseaba acariciar esa sensación que le cortaba la respiración y la dejaba sin voz, sin razón, sin sentido y sin argumentos. Sussie estaba deseando a un hombre y si no pasaba a la acción el tiempo iba a suceder. Como sucede la marea, los tsunamis y los terremotos… de manera lenta y con una única opción: morir o vivir. Y Susana quería seguir viviendo en el deseo de lo más recóndito de su alma. Tírate a la piscina o morirás –pensaba Sussie. Su amiga le había dicho que se lanzará de cabeza y que cómo no lo hiciese se beberían tres botellas de vino. Y, sí, Susana ya tiene otra musa, amiga. Susana se acabará lanzando a por el león. Y seguirá volando después de mucho tiempo sin hacerlo. Volará y así será ella. Un ave que jamás debió de hacerse hormiga.
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PD: este cuento está dedicado a la filóloga y profesora más top del Universo. Ella sabe quién es. El alma que ilumina cualquier fiesta y que me hace reír aun cuando estoy empanada.
Jessica Delgado Pulgarín
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