Agua y fuego transitan por el cuerpo,
cuando la oscuridad se ha formado
en los senos de una mariposa.
Triángulo sostenido por una mano,
que roza el Monte de Venus.
El frío intenso de un pico
mojado en secreto.
La fragilidad y el poder
del momento prohibido,
aquel que una nunca se espera,
pero llega.
Y Venus se viste
como un río caudaloso,
sin alcanzar ese hielo
escondido entre las piernas.
Flechas sin acariciar,
Alpes sin caminar,
cuerpos en la hoguera
y el deseo se hace semilla en el alma.
Arde el cuerpo del insecto,
porque la manzana es un pecado,
pero el calor se hace visible
en los ojos del que esconde una llama.
Arde y arde la simiente,
cuando roza el casco del Edén.
Arde y arde la flecha,
cuando acaricia a la leona incendiada.
Quizás, él arde,
pero yo he imaginado las estrellas
en sus brazos.
Jessica Delgado
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