Sus ojos ya no brillan
con la misma intensidad
La Luz es naranja,
antes era negra.
Se miraba al espejo
y observaba una visión
distorsionada
de la existencia
del último
pelo de
su cabeza.
Sentía que su lunar
en la barbilla
sobraba.
Que sus curvas
sobraban
incluso
ella misma se
sentía inútil.
Andaba de puntillas
con las manos,
tapando
sus imperfecciones.
Y con la vida con
una mochila
vacía de sueños.
No sabía qué estaba
haciendo en este
mundo.
No sabía quién era
ella.
No sabía
nada.
Ni sabía si su sombra
estaba detrás.
Hasta que se percató
de que ella era la
persona que le
iba a acompañar
hasta el lecho
de su agonía.
En ese precioso instante
se empezó a querer.
La Luz ya no sólo era naranja,
sino que tenía todos los colores
del arcoíris de
su existencia.
Ya ella movía los hilos
de su vida.
Ya ella se quería mucho y bien.
Y empezó a volar hacia el
badén de la eternidad
de su alma a velocidad de
La Luz Propia.
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