Se adentró en mis senos
como una espada azul,
que no tiene renos
para frenar la herida.
Herida agridulce
situada en el costado,
que llega hasta mi corazón
con sabor a dulce
de leche.
Eso no es amor -dijo el sabio can,
pero la tigresa casi se choca
con la manzana prohibida
de Eva.
La tigresa también peca,
esa cara de inocente la delata.
Pero la tigresa seguirá dando
pasos hacia el badén
de su seguridad
y del verdadero amor,
porque eso a ella
le coloca el corazón
en el ardor del choque correcto.
Jessica Delgado
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