Ni una sola lágrima
se merece el león,
Ni un solo pensamiento
se merece el duende
rojizo.
Ni una sola llamada
se merece el vikingo.
No se merece nada.
Mas la mariposa
se vuelve larva,
porque no puede
aguantar
tantas vueltas en el Karting
de la existencia humana.
Vueltas y más vueltas,
hallando sólo el firmamento
como respuesta.
¿Merece la pena estar así,
tigresa?
¿Se merece el león tan excelso
privilegio que tu pensamiento?
¿Se lo merece?
La tigresa necesita quemar
su obra.
Vuelve en sí y se limpia
las lágrimas.
No se merece NADA.
Sigue volando, mariposa.
Continúa con tus locuras
y con tus pensamientos
y deseos
de vieja verde.
Las tigresas también
desean ser mujeres,
que rompen moldes
y crean arcoíris.
Jessica Delgado
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