El calor huele
a un intento de fiera,
defecando en medio
del fuego.
El fuego arropa a Plutarco
lleno de cobardía
incapaz de volar,
porque conoce
el riesgo de la caricia
en una superficie suave.
Plutarco vuela consciente
de que la caricia en cierta sensualidad
es su don.
El verdadero don, querido Plutarco,
es el roce de una mirada
en el corazón de una dama.
El verdadero don, querido Plutarco,
es la valentía de seducir
a una tigresa en llamas
y no quemarte.
Querido Plutarco:
No, no eres un galán,
porque los galanes
saben mecer
los ojos del búho
por la noche.
La noche es del búho,
que conoce y
domina el arte,
mas desconoce el sentido
de la poesía de Pedro Salinas
en su ser.
Plutarco no sabe que
la galantería no es
un instante a quemarropa,
sino es el tiempo sin
la mirada a La Puerta del Sol.
Eso es el arcoíris.
¡Aprende Plutarco!
Jessica Delgado
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