El Edén permaneció vacío
justo en el instante
de su último suspiro.
Arrancar la primavera
a quemarropa.
¿Qué ser humano soporta
el vuelo de la leona
a destiempo?
Deshojar con
olor a incienso cada
corazón
reducido en polvo
de talco.
La mariposa lloró como
un bebé siendo consciente
de que era una adolescente,
desnudando la cima de
su inocencia.
La partida a quemarropa
fue saboreada a destiempo.
«Nada volvera a ser como antes».
¿«Volverá» a posarse la
luna en el corazón de la rabiosa?
¿Se volverá a caer ante
sus zancadas de tigresa?
¿Se volverán a ver
juntas, visitando al abulense,
en el cementerio?
La fiesta del recuerdo
renació en el cementerio
al observar
la preciosa lapida
vestida de color y,
jamás, de llanto.
La mariposa
sonríe ante la lapida y
recuerda que, en aquellos tiempos,
era muy feliz.
Y ahora también es muy feliz,
recordando el tiempo pasado y
dejando el legado,
enseñado por el abulense y la luna.
La partida a quemarropa
no se olvida,
se sobrelleva durante el camino
de la existencia humana.
La mariposa cumple su promesa.
La
tigresa
vive
cómo
le enseñaron sus padres.
Sigue oliendo a cal y a arena
desmenuzada con un tambor
¡Pum, pum, pum!
(El poema es un círculo).
Jessica Delgado
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