Estoy cansada de poetizar sobre el aire
como si fuese de oro
y es de hojalata barata.
Ese simple aire que no tiene color
y que no pertenece al Mar Negro.
Allí, donde habita la sal
cerca de Belén,
a media distancia del Edén
y lejos del occidente de España.
Occidente,
ya que el oriente carece de todo
aquello que tenga que ver
con el salero
de la mesa veinticinco.
Oriente. Falta mucha sal. Granada, Cádiz y Córdoba no son iguales. Allí habitan el olor a azahar, el espeto salado y la tuna flamenca. Al revés: un, dos y tres. Al derecho: delight.
Al revés: chorizo con nocilla. Al derecho: lentejas de verduras sin pan para untar.
Del revés: mi vestimenta. La felicidad hace que mi pijama sea introducido de manera incorrecta. Dulces empanadillas de queso arropan mi locura desde un tiempo lejano.
Al derecho: diabetes sin sal, escitalopram 20 mg, dudas existenciales, ansiedad, obsesiones absurdas, deseos sin control, angustia, miedo a vivir, miedo, soledad acompañada, el Señor Eco en Diego de León, rabia, confusión, el espeto con menos tres grados de sal, el Señor Eco vuelve a mirar sin juzgar y observa que la verborrea sin respiración se hace presente en una adolescente a destiempo. Eco sigue sonando en mí.
Del revés y al revés transita el vuelo de la existencia de mi esencia en todos los nanosegundos del reloj a tiempo.
Al derecho no deseo ni quiero ni espero ni pretendo coexistir. No he nacido para vivir sin Nutella ni sal. He llegado aquí para escribir de verdad y no transparente, porque no soy un ángel que destruye cada poro del amanecer. Soy una llama que se deslumbra ante la belleza humana.
Jessica Delgado
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