Las estrellas
acarician el suave gesto
que la mirada realiza,
cuando se posa en La Ciudad Erótica.
Las miradas se acercan
en una noche con luna llena
y con tres piscos calientes,
por la conversación en las almenas.
La Ciudad Erótica encierra
una belleza,
que aún no sé cómo
poetizar la foto de Sonsoles y Ramón.
Escribir a la sombra del secreto.
No pregunten
el significado
de mis figuras retóricas.
Mis sentimientos no se venden
con un cheque en blanco y con menos
tres grados de sal marina.
La Ciudad Erótica será asediada
por aquel instrumento,
que sepa leer mi alma.
Escribir a la sombra de la voz ardiente,
que sale de mis senos y no para,
no se calla.
No me puedo callar.
No se puede callar mi corazón.
No quiero ser parte de una flor,
que no vuela,
por miedo a las palomas inteligentes.
La Cuidad Erótica se oculta
entre las ramas de hielo
y las sábanas rojas,
por la noche de ardiente anhelo.
Sábanas rojas y cuatro alas
se sienten de lejos.
Jessica Delgado
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