en su mirada sin amor, con muerte
y sin pluma estilográfica.
El pitufo Totoro desconoce
la calidad del verso sin latido,
ni sangre en el cerebro.
Cerebro sin ciudad y
con miles de promesas,
cuando el mar amaina los destellos de Luz.
El descontrol de los promiscuos
se halla en las esquinas de la calle León.
Lope de Vega todavía está allí
en el cuerpo de algunos artistas
expertos en cocinar patatas al horno.
Cocinar como Lope no está en mí.
Las patatas medidas como si
fuesen un traje de Dior no es lo mío.
Lo mío es envasar al vacío
a los pitufos azules
con dióxido de carbono
en las entrañas.
Jessica Delgado
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