miércoles, 21 de febrero de 2024

DECLAR(M)ACIÓN ENVENENADA

El marciano vuela calvo de olvido
por el camino de las redes de arena.

No se acuerda de que la piedra
se talla en la penumbra y 
que el ensalzamiento
a una bella dama
no le importa
ni a la tuna.

El marciano vuela con el peine atrofiado
por el camino de la calle Preciados.

No se ha percatado
de que la mujer empoderada
no se mueve por el instinto
de la rabia sostenida 
por un hilo en el tiempo.

El marciano vuela con la inocencia de un niño
que desconoce que la periodista del FBI
está a medio camino en borriquito.

No se acuerda de que el título
ofrece un martillo escogido
para la fuerza
de una llama en el Guadalquivir.

El marciano vuela enamorado
por el camino de la calle:
«son las cinco de la mañana
y aún no he dormido nada». 

No se niega que viva en nubes de azúcar,
pero la voz no solo está para disparar
asuntos que conoce hasta el afilador,
sino la voz permanece en nuestras cuerdas
para cantar locuras sin olvidar 
lo que sienten las paredes de
nuestro corazón.

El marciano vuela desnudo sin ser consciente
de que las musas no solo viven en las películas, pues dicen las malas lenguas
que la realidad supera a la ficción.

Solo queda asumir que nadie puede parar
lo que el fuego incendia y se debe continuar
en el maravilloso escenario de la vida.

El marciano vuela muy alto
y yo seré su pista de aterrizaje.

Jessica Delgado Pulgarín 






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