lunes, 5 de febrero de 2024

Reflexiones con espadas en la tráquea

Creo que dos de las características fundamentales de un escritor —con mis pocos años de experiencia— son la humildad y la honestidad. Y, a partir de este punto, sale todo rodado. Todo. Para llegar a ser denominado algún día poeta se debe ser humilde, haber leído todo y más y haber escrito mucho. Y también no creerse superior a nadie, porque uno se va a estrellar de manera inmediata. Todo lo que sube, baja. Y más cuando uno se dedica al arte. 

Vender poesía no es nada fácil. Es el género más complicado de vender, pero el más especial para llegar al lector. Siempre tendré los pies en la tierra y cuando no los tenga, mis amigos de verdad, darme un cachete en la cabeza y bajarme, porque sé que me queda mucho por leer. Y desde muy pronto ya me voy a poner a leer hasta la Biblia y gran parte de los libros de la editorial donde aspiro a que mi tercer libro sea publicado.

Hay que tener muy claro que si alguien pretende publicar un primer libro de poesía en este país es muy complicado que se convierta en betseller. Incluso siendo poemarios premiados por entidades muy conocidas.

Hay muchos escritores que son muy famosos, puesto que escriben guarradas morenas e incluyen oraciones del tipo: «cómeme…» o porque son caras visibles en la televisión.

No obstante, no por este hecho, debemos desistir en mostrar al mundo nuestra obra y no debemos desistir en querer vender todos los libros posibles y más en todo el planeta.

No he podido cerrar mi santa pluma, ya que a veces veo demasiada prepotencia en el mundo de los escritores. Y me repele mucho.

Jessica Delgado Pulgarín 


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