en la tormenta de un baile bajo un
amanecer azulado.
Las flores se miran entre sí,
pero se encuentran
las gardenias y las biznagas
en un cruce de pétalos
sin un rumbo fijo.
Amantes escondidos
en una misma dirección
a trescientos metros de distancia
y cantando
en una sintonía elevada.
Los alaridos se escuchan en
todos los salones del jardín,
porque el amor velado
no se arropa con unas
palabras encriptadas.
El ensayo del baile en clave de sol
no será fácil,
mas las gardenias mirarán el ascenso rojo
a las nubes por el éxito cosechado.
El baile es dominado por la biznaga
y su pulcritud y sutileza a la hora de
mover la mano es sublime.
A pesar de que su mano a veces transite por
lugares de arriba a abajo y quede
plasmado en una danza de amor verdadero.
La biznaga no es blanca,
sino es azul como las
olas que transitan en su cuerpo.
Flor ardiente y sexual,
ofrezca a los académicos toda su sabiduría,
que yo me encargaré de seguir
elevando su figura
de manera secreta,
por donde quiera que vaya.
Secreta, puesto que cuando sea
una anciana con garrota y chepa,
elevaré su nombre y apellidos por el
universo como un diamante preciado.
A día de hoy la gardenia no está preparada
para hacer una acrobacia
en el baile de miradas eternas.
Flor ardiente y sexual,
síguenos deleitando con el ensayo del vals.
Flor ardiente y pulcritud en la mano,
eleve al cielo su ser y síguenos empapando,
aunque sea con sus pelos de loco y sus fotografías con cara de estreñido.
Flor, bella flor y elevada
musa de mis entrañas,
siempre querré su bienestar y su felicidad,
ya que inevitablemente
forma parte del orgullo
y de la felicidad de la gardenia.
Flor, bella flor y elevada
musa de mis entrañas,
siempre formará una pequeña parte
del corazón de la gardenia.
Jessica Delgado Pulgarín
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