jueves, 13 de febrero de 2025

REFLEXIONANDO... Mi corazón está creciendo

 ¿Será cierto que mi corazón está creciendo hacia el horizonte de la mar?


Ha llegado la hora de enterrar esa rabia tan Romero debido a la prepotencia, la envidia y la falsedad del personal, que se trata, sin duda, de lo que menos soporto y esto está marcado desde mi infancia.

Ha llegado la hora de comunicar desde el principio, desde el más mínimo gesto, desde la más mínima palabra, que yo no comulgo con ciertas conductas.

Ha llegado la hora de que mi corazón se ensanche hacia el horizonte de la mar sin sostener: «Tú has hablado mal de #pelo». Porque, sí, lo sé, lo que es evidente y lo que es invisible y ya no me apetece satirizar la ignorancia. Sí, es ignorante aquel que critica y no ha leído. Lee y, después critica. Yo, como escritora, me expongo a la crítica, pero no a los ignorantes. Ya de ellos simplemente me alejo y no escribo nada… Solo reflexiono y pienso en mi madre, en mi abuela, en mi hermana, en mis tías, en ellas y en qué harían y reflexiono, asumo y sigo caminando. 

He aprendido a amar a mis hijos literarios, porque en ambos estoy yo, Jessi, una chica sencilla que le gusta el vino, el café y el jamón ibérico, el bueno, el que huele a pata negra. No me gusta cocinar y me encanta bailar o cantar mientras limpio. Soy una mujer libre que dice lo que piensa a pesar del escenario donde se encuentre. A veces me dejo tanto llevar que el guión, si lo llevo, no lo leo… Dejo que mi voz fluya y como una madre mira a su hijo, así defino mi obra. No suelo ser técnica ni cuando hablo con otros filólogos ni doctores. Me guío más por la emoción…

Soy tierna, pero a la vez muestro esa garra que adormece a los leones. Soy romántica, tal vez demasiado para los tiempos que corren… Sueño despierta en multitud de ocasiones y luego regaño a mis alumnos cuando se quedan empanados… 

Soy una mujer en plena contradicción que yo misma a veces no sé ni quién soy, ni qué quiero, ni dónde voy. Muchas veces me flagelo, diciéndome que soy una rabiosa que explota como las bombas, aunque estoy aprendiendo a abrazarme, sin más, sobre todo, cuando medito. Meditar me ha salvado la vida, alargando mis telómeros.

Solo sé que escribir me ha sanado. Y escribiré hasta el último día que esté aquí. 

He vivido la muerte tan de cerca y en tantas ocasiones que ya es sentida por mí como celebración y un signo de recordar al ser querido.

Eso no quiere decir que sea una insensible. Es más, creo que soy PAS… Y, ¿qué más da? Si fuese menos sensible, jamás… Jamás podría escribir poesía. Me estoy ablandando, pero no voy a dejar de satirizar… Eso lo llevo en las venas. Andalucía vive en mí y yo en ella. ¡Viva Andalucía y vivan los poetas andaluces, sin duda, son los mejores! Pese a quien le pese. Es lo que hay y es lo que siento. ¡Ay, Federico, cuánto te quiero!

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Os leo con atención.

Jessica Delgado Pulgarín 

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