Cuando la vida arranca la existencia de un familiar que no le toca trascender por edad, es la sensación más cruel que puede vivir un ser humano.
Se siente como la extracción de cada vena del cuerpo y aún sigue corriendo la sangre. No hay consuelo en ese momento preciso. En el instante de conocer su pérdida.
El tiempo hace que el dolor se asiente y se recuerda al ángel cerca de ti, sonriendo y ofreciendo acontecimientos para seguir vibrando en el presente.
Es una luz más que brilla en el firmamento y que nos acompaña como siempre de la mano, con abrazos y palabras sabias.
Tú, mi luna, me enseñaste el sentido de la muerte, siendo una adolescente en plena efervescencia.
Me remito al texto «Partida a quemarropa» de #metamorfoseándome
PD: Texto escrito tumbada en mi cama tras despertarme a las 5:37. Tenía un ojo cerrado y otro abierto, sabiendo que desde ayer quería escribir sobre esto. El cerebro es sabio.
Jessica Delgado Pulgarín
No hay comentarios:
Publicar un comentario