La vista permanece cegada ante poemas como «La pierna». Como bien indica su prologuista, la poesía de Francisco ha de ser leída más de una vez, puesto que en ese hecho «se dibujó la risa» (pág. 35).
He de aducir que este poema es tan sutil, preciso y elegante que me ha recordado al texto «Conjuras» de Rosa Romojaro.
Gracias, Francisco y Rosa, por no provocar una arcada a esta humilde filóloga y escritora. Esta es la poesía que a mí me gusta.
Quintero destrona con su vocabulario seco a sociedades cerradas y me recuerda el amor al prójimo y, sobre todo, el amor propio con este verso: «sobre el estiércol de sociedades conformes» (pág. 21).
Es un poemario escrito a las orillas del amor y con amor a pesar de encontrarse verdades como puños que aún, por desgracia, permanecen en nuestra sociedad: «duendes homofóbicos por envidia» (pág. 21).
Dentro del amor platónico, en ocasiones, nos sentimos perdidos y sin rumbo. Tal vez, es esa sensación de querer sostener un kilogramo de plomo con un solo dedo: «me pierdo, buscando escucharte» (pág. 28).
Y dentro de ese amor, de ese amor pasional, que, en ocasiones, es «la fachada» (pág. 55) y en otras «la inquietud» (pág 61), existe ese halo de paz que se encuentra en las sábanas blancas de un hotel.
«Charadas» es poesía cruda, intimista y hermética que representa el amor pasional sin ningún tipo de escondrijo. Cabe decir que cuando hablo de amor pasional no solo me refiero a personas, sino también a acontecimientos, a lugares… Engloba la colectividad del mundo desde el amor y con amor.
Este libro debe ser reseñado por más filólogos y doctores en literatura. Sé lo que escribo, he leído muchos mamotretos. En definitiva, Francisco me has recordado a Federico y esto se ha clavado en mi alma.
PD: Espero que leáis esta obra, poetas, pues, de otra manera, estáis perdidos.
Jessica Delgado Pulgarín
No hay comentarios:
Publicar un comentario