A través de mis textos si se sabe leer de manera comprensiva —y esto no lo digo con ánimo de ofensa ni por mi papelito—, se conoce un poco más a Jessi.
Y, ¿quién es Jess como persona?
A veces, ni yo misma sé cómo o quién soy.
Me levanto por las mañanas con los pelos de loca y voy al trabajo por las tardes, bien peinada y duchada —el metro de Madrid @metro.madrid huele mal—, a dar clase a la salvajada adolescente con lo primero que pillo del armario.
Eso sí, si voy a un evento literario o a encontrarme con artistas, voy de punta en blanco y maquillada, porque me gusta y además el arte es lo que verdaderamente me mueve… Es el sentido de mi vida y realmente a lo que me quiero dedicar de lleno.
La docencia ya me está empezando a quemar, aunque es una de mis grandes vocaciones y adoro a mis alumnos, a todos, pero quiero volar más alto. Una de las personas que más me inspira respecto al cambio tiene nombre y se llamaba Manolo, mi abuelo paterno.
De lo que sí estoy segura es que los treinta y tres años me están llevando a otro estadio. No es mejor ni peor. Es simplemente otra etapa. Y este período se refleja en mis ojos y en mi expresión corporal.
Ya me siento con más ganas de subirme a un escenario. Hace casi un año que no he vuelto a las tablas.
He estado en la sombra durante unos meses, en concreto, nueve. Y durante cinco meses no era Jessi.
Yo era como me llamaban de pequeña: «una momia o Tutankamón». No es broma y los que habéis leído #percepcionesenlaoscuridad sois conscientes.
Mi queridísimo Borges dijo: «todos los acontecimientos sirven para hacer arte». No seré yo quién rebata a un hombre tan magnánimo como Borges. Ahora no, otro día, tal vez.
Os quiere,
Jessica Delgado Pulgarín
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