sábado, 31 de mayo de 2025

ALAS MARRONES

ALAS MARRONES 
         A Aitana Ocaña 
«Cuando hables con él»

Me prestaste tus alas marrones
y alcé el vuelo cerca de tus ojos
y en la distancia vislumbré la luz
del platonismo, llamando a la puerta del
corazón sin haber buscado las migajas del pan que se cayeron debajo de mi 
intestino grueso.

Me prestaste tus alas marrones
y observé en los destellos azules
la marea introducida en mi alma
y el laberinto no fue de fácil salida.
La herida permaneció durante varios [años,
pero mi hermandad hacia su tez de [arrebol,
caberá en el universo
de sonrisas de miel como las abejas
de mis textos, mostrando nuestro
veneno recíproco de eterna punzada.

Me prestaste tus alas marrones
y yo necesito mediante este texto
disculparme de nuevo ante el alma
de Alejandra Pizarnik,
puesto que la rabia me ha doblegado 
con mi opacidad al viento 
y me volví a tropezar y esa niña rabiosa, no supo observar la grandeza de la literatura de Alejandra.

Me prestaste tus alas marrones
y yo no olvido ese momento,
porque he volado por el salón del vals
más magnífico que ha brotado en mí.

Si tú no me hubieras hablado,
jamás habría sentido la resaca 
de un castillo habitado por duendes y hadas lleno de jardines neoclásicos.

Apareciste de la nada, Alejandra
y aunque ya no haya banquete,
serás mi hermana pequeña
y prometo en este texto
ilustrar cuando sea anciana
y tenga garrota y chepa,
al menos un poema con tu nombre,
mas hoy prefiero seguir arrópandote
con mis versos de plata 
y solo quiero verte con flechas
hacia el buen sendero y solo deseo
tu alegría cosida en tus azules.

Hermana pequeña,
desconozco sus deberes diarios,
pero velaré por su nombre 
hasta el día de mi deceso 
y se murmure en mi velatorio su nombre
tallado en mi alma desde ese año de [virus.

Ese año me enseñó 
el significado y el significante 
de un animal nocturno y manso
y seguirá abrillantado mi poesía
en la luz de la noche.

Jessica Delgado Pulgarín 

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