El cáliz permaneció inerte
ante el hundimiento de su alma
en el Mar Muerto lleno
de dudas.
Olía el sonido del viento
a jazmín recién sacado
de la nevera.
El sonido del viento
se había quedado
helado al no observar
las alas desnudas
de la mariposa
al borde de su lecho.
Helado,
porque su lecho
no sabía a incienso quemado
por las horas muertas,
perdiendo la vida
y llegando a la muerte
sin haber retratado
a la musa de Goya.
Jessica Delgado
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