Besarle el verso
y el pelo de caramelo
y las orejas de duende
y los labios de infierno.
Besarle la lágrima
y su manera de
conquistar a una dama
y sus ojos pintados
por el azufre en un instante
de pasión turbia y enajenada.
Besarle el corazón
de niño travieso,
de adolescente alocado,
de adulto promiscuo.
Besarle
y que no pasen las horas
ni el tiempo
ni la vida
ni las ganas.
Besarle,
Versarle,
Acariciarle,
Contemplarle
y vuelta a empezar.
Versándote quiero besarte
tus pupilas, cuando
vislumbran mi deseo.
Besándote en la distancia,
solos tú y yo;
y el mar en calma.
Quiero versarte los labios
con la fragancia de una niña,
que jamás te dejará de admirar
a pesar de todo.
Versarte y nada más;
o, mejor escrito,
besarte el alma.
Jessica Delgado
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