Los Andes se asoman a su paso,
deslumbrando el brillante collar
recogido entre el Centro y el Sur
del Lago Titicaca.
Las mariposas sobrevuelan
el collar de perlas,
para que no termine rompiéndose
en el estómago del pez espada.
Nadie escribió que
el pez espada no fluyera
entre ríos de sangre.
El deseo sigue el mismo rumbo,
cuando unos se imaginan,
saltando en el Pompidou.
Nadie escribió que los latidos
de los animales
no fueran al unísono
del sonido de las olas
del Mediterráneo.
Las mariposas
continúan en el mismo punto,
saboreando el dulce de leche
bañado en diástole.
La historia se revuelve
en su esencia Inca
¿Serán tan salvajes?
¿Por qué el verde es rojo y el rojo es verde?
Jessica Delgado
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