Las teclas del corazón insecticida
transitan sobre la esencia
de los ojos del búho.
Dos corazones al unísono
laten, aunque uno
sea diabólico
y otro tan transparente
como la luz observada
antes de acariciar El Cielo.
Ya dijeron los sabios que
los polos opuestos tienen
un imán adictivo, que
no se puede soltar
ni aun con 100 grados
de agua en el corazón
del ángel blanco.
Este desatino del sino es
más tóxico que
el alquitrán recién
situado en la carretera
dirigida hacia el Sur
de un lugar muy admirado
por el insecto.
Hoy se vislumbra en el alma
de la mariposa
una espada de colores,
reluciendo el azul en las
cenizas de su estómago.
Y es que el azul del mar
ha dejado una huella
en los ojos negros,
que jamás se podrá borrar.
El destino es así, truculento,
algún día será entendido
el suceso.
Jessica Delgado
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