A Francisco Enrique López
El Podenco Andaluz con pinta de parisino
eleva a la mariposa a la dicha
de la palabra escrita.
El Universo está
en sus andares de rockero
y en su pluma deshilachada.
Sin hilos está su tinta,
porque no ha encontrado
suficiente papel,
en el que posar sus ganas
de presentarse ante el mundo
como el can cuyo título es C1.
El ladrido forma parte
del cubículo que le acompaña
todos los días.
Ese cubículo que grita
a la muchedumbre
inconsciente de
la verdadera esencia
del «yo me quiero»
Podenco Andaluz,
enseñaste a la tortuga
a ser parte del Universo
con pretensiones más altas.
Tú abriste la llave del camino de la lentitud,
para que se convirtiese
en un hada con objetivos voladores.
Mi hermano mayor,
aquel que no tuve por sangre,
pero tengo por amistad.
Gracias por ser el brazo
que abraza
el corazón de una hormiga
cada vez que cuenta la misma
orquesta de siempre.
Cantar nunca fue
lo nuestro,
mas rompemos
la pista todos los días
con nuestros bailes sin sentido
delante de la pantalla de la vida.
Podenco Andaluz
sigamos bailando hacia
el infinito cerca del Cubo de Rubik,
donde muy pronto
bailaremos al son de «miénteme».
Miénteme u olvídame.
No hay más opción;
y mi llamarada no es hacia el Podenco.
Jessica Delgado
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