A Erick Gullock
La isla dio alas al colibrí,
que transformó el sonido de la [R]
en una dulce sucesión de pasos
a la luz de la arena blanca.
Cálida es la voz del pájaro,
que canta a Borges,
contando la historia
que se entrelaza en el hielo.
No se sabe si la luz
colmará de brillo suficiente
–ya que deslumbra en el invierno–
a un ser que diseña arte
a través de una cámara y
una pluma estilográfica verde,
pues verde es su mirada y su alma.
Y solo el verde puede llegar a ser
el cuento que dará vueltas y llegará
a Saturno, para convertir la muerte
en rabia y la rabia en vida,
porque la existencia solo puede ser
completa, cuando el arte tiene
la luz que irradia el colibrí.
Y esa luz es el amanecer de Costa Rica
teñido de verde.
Jessica Delgado
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