sábado, 2 de abril de 2022

AL HOMBRE DE LA PRÓJIMA

La piedra diminuta 

y ancha como el

horizonte inerte no

supo lamer la simiente.


Él se creía que había

tocado la melodía del placer,

mas su nogal lleno de hojas secas

no supo acariciar

la nuez de mi alma.


El alfiler no pintó

el corazón sin ríos,

sino que le llevó a un estado

de enajenación mental,

del que mi mamá

fue consciente.


Mariposa cegada,

en la boca del asno pequé,

a un toro sin rabo acaricié,

a una luna sin alma le 

enseñé la luz de mis entrañas.


¿Cómo pudo la oscuridad

alumbrar mi cuerpo encadenado?


¿Cómo pude acometer por la espalda

a Las Salinas de Uyuni?


¿Cómo pude arruinar la sangre de mi vida?


La balanza, La Princesa de Corazones

el hada azulada y el escorpión

volvieron a equilibrar mi

cerebro de mosquito.


Valiente cobarde fui

no supe creer en quien

me hacía vivir.


Casi quemé mis alas,

pero ellas me salvaron,

para huir de la minillave de Becelbú.


Jessica Delgado



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