martes, 29 de marzo de 2022

El Caballo de la Paz frente a la Ouija

Me subí al Caballo de la Paz;

cuando me aleje del crepúsculo,

que restaba mi aura dorada.


Sumar no es el oficio

de la espina,

cargada con cien misiles

en su boca.


Ya lo predijo el Podenco Andaluz:

«brotarán de tus dedos

la melodía DO, LA y MI,

porque el SOL no está en 

la aguja deshilachada».


Tornillos llenos de odio

se disparan desde sus ojos,

puesto que desconoce

la luz en el rostro de la caléndula.


La rosa se desprende de aquellas calaveras

puestas en la Ouija,

que solo saben

crear balas con asfalto en las entrañas.


Maldita sea mi inspiración,

pero no puedo olvidar

la arena que Becelbú me incrustó

en el alma.


Yo no sé si estaré «podrida por dentro y desubicada como los polluelos sin su mamá». Lo que sí sé es que desde que decidí apartarme de la Ouija estoy cumpliendo todos los sueños que tenía previstos. El Mal ya no destruirá a Las Médulas en primavera. El Fin se hizo vida. El Desastre se deshizo en las viñas podridas. Ya soy yo. Ya soy poetisa.


Jessica Delgado

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