Me subí al Caballo de la Paz;
cuando me aleje del crepúsculo,
que restaba mi aura dorada.
Sumar no es el oficio
de la espina,
cargada con cien misiles
en su boca.
Ya lo predijo el Podenco Andaluz:
«brotarán de tus dedos
la melodía DO, LA y MI,
porque el SOL no está en
la aguja deshilachada».
Tornillos llenos de odio
se disparan desde sus ojos,
puesto que desconoce
la luz en el rostro de la caléndula.
La rosa se desprende de aquellas calaveras
puestas en la Ouija,
que solo saben
crear balas con asfalto en las entrañas.
Maldita sea mi inspiración,
pero no puedo olvidar
la arena que Becelbú me incrustó
en el alma.
Yo no sé si estaré «podrida por dentro y desubicada como los polluelos sin su mamá». Lo que sí sé es que desde que decidí apartarme de la Ouija estoy cumpliendo todos los sueños que tenía previstos. El Mal ya no destruirá a Las Médulas en primavera. El Fin se hizo vida. El Desastre se deshizo en las viñas podridas. Ya soy yo. Ya soy poetisa.
Jessica Delgado
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