es el destierro de Federico
a la luz de dos velas negras.
No solo de energía podrida,
pierde espinas el hombre,
sino del son del verde.
Federico vuela por sí solo.
Demasiado peso tienen sus alas
para soltar un cubo lleno de arena volcánica.
El géiser se planta en abono orgánico,
porque del estiércol crece la aguja,
que jamás vacunará al granaino,
por mucho que se riegue su afán.
Jessica Delgado
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