lunes, 25 de abril de 2022

Sobreviví

El aura de mi ser se impregnó
de cal amarilla y solo sabía a
amanecer en estiércol.

Mi boca era un ataúd,
del que salía odio a borbotones.
Y faltó un nanosegundo,
para que me confundieran 
con La Celestina.

Bruja no era el sustantivo,
que mejor se adhería 
a mis heridas,
sino Verónica.

Me faltó acudir a Las Ventas
con una tela roja y dos banderillas
y así ser la protagonista
de mi suicidio.

No llegué a saltar 
en el acantilado del Guadiana,
que aparece y se esconde
como aquello que jamás
debí pintar con letras de molde.

Fui una anémona negra
y ahora permanezco cual
caléndula que brilla
sin deslumbrar la sombra del mal.

Sobreviví en un lugar,
donde la sangre existe,
pero las plantas siempre reinarán
en el mundo de las plumas blancas.

Yo sabía que me estaba muriendo,
aunque el golpe del cuarzo rosa
me salvó de los servicios con una llave
a la casilla de la cabaña encerrada.

Jessica Delgado 



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