miércoles, 19 de junio de 2024

Filosofía y honestidad dolorosa

Raquel estaba sentada en el salón de estar de su casa. Había pasado una mañana tumultuosa pensando en el futuro próximo… A las tres y cuarto de la tarde su cabeza se desconectó de su cuerpo en una fracción de segundo y su espíritu empezó a temblar.

¿Raquel, qué te ocurre? ¿Estás preocupada por actuar en la función del Teatro Calderón? —dijo su madre.

No, no es exactamente eso, mami. No entiendo a mis compañeros… Se mueven por el egocentrismo y se reúnen en grupos sectarios para darse aplausos entre ellos y lo que no son aplausos... Imagínatelo, mamá… Me da vergüenza contártelo. Además, son dogmáticos, puesto que si apoyan a Pepe Moreno, no pueden apoyar a Luis Rubio… Es que se llevan a matar —dijo Raquel.

Hija, tu abuelo Faustino era el actor que llamaban el Padrino de las Nenas, ¿recuerdas? Y siempre decía: «¡El camino de los enchufados es más llano, pero el desierto pertenece a las bestias que llegarán a tener éxito». Raqui, el éxito no se percibe cuando se está andando por terrenos pantanosos, se vislumbra cuando de verdad se llega a la meta después de haber luchado por estar allí. Se hallan enchufes en todos los hogares. —Sentenció Magdalena.

Raquel suspiró fortísimo pensando en aquel mensaje de Instagram que no debió leer, o, tal vez, sí… O, tal vez, no… Solo se percató que por leer ese texto se montó en el Caballo de Troya, la obra que anhelaba representar desde antes de ser actriz. Y entró en el Teatro Calderón siendo la princesa Ítaca. Sus compañeros estaban en el pódium gritando: «¡vamos a salir en televisión!». Salieron en la cadena 3 en el programa: «Allá tú».

Moraleja: Somos los dueños de nuestras propias decisiones. «Cogito ergo sum».


Jessica Delgado Pulgarín.

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