(I) Deconstrucción
Las aceras aparecierone
n el convento del silencio.
Los monjes, disfrazados de difuntos,
sonreían escondidos detrás de los muebles.
Mas, los grandes sabios proclaman
que «la carne de burro no se transparenta».
Los vestidos andan dentro de los muebles
y descubren que los papeles guardados
en los pantalones pasarán
a la historia y tal vez los alcornocales
recuerden que las letras serán descubiertas.
Y las aceras, los monjes, los difuntos
habrán pasado por el mundo y ya no
estarán para gritar que la verdad
solo permanece en la poesía.
Y las agendas aparecerán
con los contactos desperdigados
en la esquina.
Y los contactos ya se han caído
detrás de la tumba de Jorge Guillén.
Ya no está presente el martillo en
la cabeza de un caballo.
El amor se ha transformado, el
deseo se ha convertido en una llanura
y el recuerdo ha aparecido como una
manta aterciopelada en invierno.
El pasado es inspiración,
pero ya no es azufre.
(II) Guillotina anunciada
Si hay algo de lo que estoy segura
es que mi palabra en un poema
será verdad,
pase lo que pase,
pese a quien le pese,
aunque mi cuerpo desaparezca
en un oasis de hielo.
Jessica Delgado Pulgarín
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