Recuerdo que cuando elegí la carrera que iba a estudiar apenas tenía 20 años y sinceramente estaba más perdida que un burro en un asadero.
Yo quería estudiar educación infantil, puesto que los niños me han llenado el alma desde que tengo uso de razón. No obstante, decidí también poner en la lista el grado en español: lengua y literatura, ya que la literatura —valga la redundancia— se me había dado bien en mi formación académica.
Ahora sé que Francisco, mi abuelo cordobés, estaba mirando por la ventana del cielo para indicarme el camino. Soy Filóloga Hispánica, principalmente, por mi familia materna.
Cuando iba a casa de mis abuelos, veía la obra de Lope de Vega «Fuenteovejuna» y pasaba sus páginas con tal admiración que sabía en el fondo, siendo apenas una niña de ocho o nueve años, que esa obra era importante. Lope es mi escritor favorito. Siempre lo será… Sus obras me hacen vibrar, sobre todo, su teatro y sus sonetos.
Si seguí en filología y no me rendí a pesar de saber por activa y por pasiva que la mayoría se dedican a la investigación o a la docencia, es simplemente porque hasta las asignaturas históricas me llamaban la atención de alguna manera u otra. La evolución de las palabras desde el latín al castellano…
Ahora, sí lo valoro aún más y me parece maravilloso. A pesar de que cuando estudiaba esas materias eran unas lentejas caducadas para mí… Casi me dormía con esas lecciones… Eran tan soporíferas como escuchar una nana en invierno y con un pijama de franela.
La Yod era mi amiga del alma y yo no sabía si esconderme o seguir estudiando con la sábana puesta en la puerta del salón de mi casa.
Mi producción escrita aumentó durante este tiempo. Y me deslumbró la literatura de Federico y su magnetismo como persona. Sin embargo, ingerí «La Araucana» y «La Historia de los Incas» y fue una indigestión pronosticada. Los sacrificios que hacían los Incas al dios Sol… Hace años que leí esa obra y aún percibo esas sensaciones de: «¿en serio que acabo de leer esto?».
Actualmente, siento que la literatura hispanoamericana me deslumbra con Gabo, Jorge Isaacs y Pablo, entre otros y menos mal que tuve la suerte de apreciarlo en la carrera.
Mi elección fue una coincidencia que ya estaba en mi destino y de la que jamás me arrepentiré. Forma parte de mi ADN.
Al igual que mi pasión por los Siglos de Oro forma parte de mi ADN, reitero. Por eso, no me rendí. A pesar de todo, la literatura vive en mí. «Puta vieja» pervive en mí: «La Celestina», obra sencillamente magnánima… Mi obra favorita por muchas razones que los lectores de la obra entenderán.
Jessica Delgado Pulgarín
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