Sigo considerándome una escritora novel y tal vez una poeta incomprendida, pero ya no atiendo a esos pensamientos y continúo escribiendo. Entiendan o no. Es lo que hay, señores y señoras.
He pasado por la experiencia de la publicación dos veces y las he sentido de la misma manera. Una explosión en todo mi cuerpo y unas ganas de esconderme debajo de mi cama tremendas, pues mis obras son, entre otras características, intimistas.
Un libro debe ser publicado cuando el esófago se queme y casi no se pueda respirar, porque el ahogo forma parte del nacimiento.
El proceso creativo de cualquier libro necesita su tiempo, pues una obra quedará siempre plasmada en la historia, aunque quieran quemarla como en la censura.
Por eso, yo siempre he dejado dormir a mis dos hijos literarios… Los he mecido y cuando he sentido ese fuego. He dicho ya están listos para nacer.
El síndrome de la impostora es sentido por todas las personas antes de publicar su primera obra, pero la única opción es tomar una decisión: entras o no, con todas las consecuencias.
Yo recomiendo siempre entrar a las personas que vislumbro potencial en ellas y ese creo que es también uno de mis caminos. Empujar a las personas de manera limpia y no por un interés corrupto y en concreto. Ajam, la vena Romero tenía que salir.
Tengo el defecto o la virtud de captar bien la esencia de las personas al segundo uno. A veces me equivoco, pero como no me convezca es sinónimo absoluto de sonrisa y funcionalidad. No mostraré mi verdadera esencia y no haré la cruz a la persona. Ahora mismo vivo en paz. No quiero quilombos. Salud, paz y amor para todos.
Os quiero y gracias por leerme,
Jessica Delgado Pulgarín
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