He estado cinco meses hasta noviembre - diciembre con ansiedad generalizada casi cada día. Me faltaba el aire… Se me movía la cabeza como una noria, me dolía el pecho y me temblaba todo el cuerpo. Dos o tres veces al día me sucedía. No tenía ni ganas de salir a la calle, pero salía cada día. Me sanaba limpiar la casa. Sentirme útil. Me pesaban las piernas. Me pesaba el cuerpo. No me podía levantar de la cama. Parecía que el monstruo del Lago Ness me empujaba hacia atrás y no me dejaba andar correctamente. No obstante, todos los días me duchaba. Soy demasiado limpia y aunque me costase lo hacía.
Durante esos cinco meses, llegué a pensar: «¿qué hago en esta vida? SUFRIENDO… Esto no es vida. Para estar así es mejor estar en la caja». Era una película de miedo y de risa. Gracias a Dios, no llegué al punto de planear nada en contra de mí.
En las vacaciones en Mojácar (julio, 2024) todos los días tuve ansiedad generalizada (mis tíos: Mari y Miguel, mi madre, mi hermana y mi primo Daniel estuvieron ahí al pie del cañón).
No pude ver a mi amigo Ginés de Pulpí. Él es un gran amigo, me entendió y sigue estando ahí, apoyándome como amigo y lector —no pasa nada si todavía no has leído el microcuento que te escribí. Tú tienes indulgencia plenaria—. ¡Tú eres mi amigo de Pulpí!
Desde noviembre - diciembre hasta hoy, los episodios son muy ocasionales en el tiempo y no tiene nada que ver cuando siento ansiedad o estoy en un pico más alto de la depresión. Y esto sucede por la terapia con Cris y Marta, que ambas siempre me han escuchado. Y literalmente me han salvado la vida @luriapsicologia.
Y cómo no mi madre también me ha dado la vida y me la ha salvado. Toda mi familia ha estado. Todos. Mi hermana, mis tíos, mis primos, mis abuelos, mi compañero de vida, mi padre. Todos y a su manera. TODOS. Una especial mención a mi tío Domingo, a mí tía Conchi y a mi abuela Guadalupe.
Hoy, 27 de mayo de 2025, reconozco que he dado hace poco un paso grande que hace un año me hubiera meado encima, porque esa ha sido la principal causa de lo que he pasado. Y se llama MIEDO. Ya no tengo miedo a casi nada. Ya estoy en proceso de salida. Ya es hora de cambiar de trabajo, de absolutamente todo. Yo soy libre y necesito volar alto desde el amor y con amor. Ya mis alas se están desplegando, aunque sé que volveré a caer, pero no de la misma manera.
Hoy, 27 de mayo de 2025, hace 17 años que una de mis primas partió al cielo. Jamás he sentido un desgarro igual. Jamás. Nos arrancaron el corazón. Y, ahí aprendí, que la muerte es solo un paso y los duelos son más llevaderos para mí desde ese instante. Mi prima era un ángel. Este post está dedicado a ella, que nos sigue iluminando desde dónde está y, por supuesto, a mi tía Tere.
Teresa era un espectáculo y se reía de sí misma con sus bromas obscenas en el Bingo. «Ocho…». Y cocinaba en Navidades… Y se reía… Y buscaba insectos, cangrejos, pulpos en el río o en el mar… E iba a las playas de Vera en bolingas… Y venía a casa y nos daba abrazos… Y la última vez que la vi nos dijo: ya estáis muy grandes a mi hermana y a mí. Y era la matriarca de la familia Delgado con el mayor permiso de mi abuela Isabel, que en paz descanse, que heredé de mi abuela paterna sus pulgares y su tranquilidad.
Sin más dilación, no escribo este post para dar pena y quién lo piense, sinceramente, me da lo mismo.
Escribo para visibilizar una casuística que vivimos muchas personas y ya no siento vergüenza de contarlo abiertamente.
Mis amigos, mis cactus o sinónimo de «amigos de verdad» también han estado.
Todos, repito, todos pasamos por la vara de la ansiedad alguna vez. Y los artistas yo creo que aún más, puesto que «nuestra sensibilidad es nuestro mayor don».
Os quiero mucho,
Jessica Delgado Pulgarín
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