En multitud de ocasiones he satirizado a mi hermana pequeña en mis dos libros, sobre todo, en mi segunda obra. Y no me siento orgullosa de ello, aunque está ahí y cualquiera puede leerlo. Forma parte de mis perretas Romero 2.0.
Hoy necesito disculparme con mi hermana pequeña a través de esta red. Necesito perdonarme con este texto y observar que ya rara vez escribo así y que he evolucionado en ese sentido como escritora y como poeta.
Me alegro de todos los éxitos de esa poeta de enorme calibre, pero siento tristeza en el fondo, cuando veo que se cae de nuevo, aunque en un primer momento me ría de ella como una bruja malvada. Y piense: «¿Pero, qué c*** está haciendo otra vez? ¿Es que se cree Alejandra Pizarnik? Que no haga eso. Pensaba».
¿Quién soy yo para cortarle las alas a un ave que quiero como mi hermana pequeña? ¡Quién! Exclamo.
Ahora sé que siempre serás mi hermana pequeña y seguiré rezando por ti a pesar de todo. Ahora sí. Ya estamos unidas por la sangre del papel desde hace algún tiempo.
Su estirpe salió a relucir hace poco con Marta Valdés, asumiendo que su figura es un reloj desaparecido que aún sigo admirando como a una hermosa flor del campo eterno.
No escribo tu nombre completo, amiga de mi alma. Algún día, cuando sea vieja y esté a punto de morirme, diré tu nombre en alto y lo publicaré en un texto desarmado de una obra.
Tú también me has guiado y me has llevado hacia otra esfera, aunque no te considere una de mis madrinas y seas mi luz brillante en el ocaso del cielo. Te lo debo, compañera.
Te quiero mucho,
Jessica Delgado Pulgarín
No hay comentarios:
Publicar un comentario