Ese pinar nada mediante sus hojas verdes
por cada racimo que habita en la mente
de las poetas decididas a versar el verde
de su clorofila que huele desde Zaragoza
a Altea. Ese porte de efebo hecho a medida con su bolígrafo apuntando al cielo y sus gafas tapando la belleza descrita
en las palabras emitidas en sus alas.
Ese pinar aragonés habita en todos
los páramos del mar gaditano,
pues su surrealismo es una señal
de que los poetas aún miran atrás,
sabiendo que los pies deben estar
en el suelo y la mirada en el norte
del Universo. Ese efebo griego se merece
habitar en las grandes pantallas, pues no
solo impresiona su porte, sino lo que más
me importa es su literatura y ese arte para
tallar las palabras desde la emoción y desde su músculo bombeante situado
cerca de sus huesos del tórax.
Poetas de España,
mi país y mi patria,
no entiendo cómo a ese efebo griego,
habitando el pinar de Zaragoza
no se ha tecleado en una oda
la belleza mecida por su arte.
Ese pinar aragonés es tan bello
como el alfil que aún eleva sus alas
a diferentes dimensiones y vuela
sin la necesidad de pisar, pues
su arte ya es eterno y se halla en
la historia de las letras de España.
Poetas de España,
mi país y mi patria,
ese efebo griego se merece
más de una oda en versículos [destellantes.
Ese pinar aragonés pulula
sobre el Forat de Bèrnia
y en su mirada aún permanece
ese amor por las letras y abre puertas.
Ese poeta abre puertas e inspira
desde su propia existencia hasta
sus versos tallados en oro y diamantes.
Ese poeta sí merece habitar los libros
y ser leído por muchos otros,
pues, reitero, abre puertas y abraza
desde su amabilidad y agradecimiento
e ilustra desde su sabiduría al universo,
que no pulula por la abertura de abrazos.
Ese poeta y sus ojos.
Sus ojos y ese poeta,
compañero te debo este texto,
pues en el futuro tercer libro,
pensarás si me he tomado hachís
antes de tallar ese vestido lleno
de aberturas entre las piernas.
No se trata del mismo mar.
El Mar Rojo ya está en la tumba,
bailando: «La Macarena» del río
que seguirá vibrando en mí
a pesar de que por su boca no salga:
«me he inspirado en la gardenia verde».
¿Creéis que sigo bebiendo vino?
¿Creéis que aún soy la flagelación viva?
Pretérito pluscuamperfecto de indicativo,
difunto y muerte son sinónimos de esta
historia plasmada en pantallas de mimbre.
Se trata de un mar bello y cuyas olas
aún se trasladan desde París hasta los
cubos llenos de barro por la Dana.
Y esta vez es una musa de inspiración
transparente y amable y trabajadora.
Alguien, un poeta y un cuentista
al que admirar por su literatura
y el platonismo aún no está muerto en mí,
pero mi vida ya ha pasado a otro espacio
más amoroso y estable y mis alas ya están
pegadas a las suyas desde hace años
y desde hace años aún sigo enamorada
y ese amor se ha ido transformando
en familia habitada en el núcleo de mi [espíritu.
Espíritu plasmado solo en sus huellas.
Espíritu plasmado solo en sus abrazos.
Espíritu plasmado solo en él.
Espíritu plasmado solo en el circense.
La vida es un estallido y yo soy la bomba.
Os quiero mucho y espero que os guste,
Jessica Delgado Pulgarín
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