El tiempo ha transcurrido a veces muy lento y otras muy rápido. El tiempo ha transcurrido entre una amalgama de emociones que crujían cada día y Malena no entendía si estaba viva o muerta. Si había amanecido o si aún las estrellas iluminaban sus ojos. ¿De qué estrellas estamos hablando? Ella solo quería vivir sin sentir que se estaba muriendo y no se estaba muriendo. Malena estaba apagada y necesitaba salir del túnel, del pozo y de la sensación de disociación de cuerpo y de alma en la que se había adentrado. Un venerado túnel oscuro e inerte sin ninguna luz aparente y sin ninguna salida a la vista. La López Ibor se pasaba por su cerebro con miedo. Miedo, ¿a qué? ¿A quién? ¿Por qué? ¿Para qué? Y el cerebro daba vueltas sin encontrar explicación ninguna. La amígdala cerebral apaga el hipocampo. Las neuronas mueren. El estrés causa enfermedades. Miedo, enfado, ira contenida… ¿Por qué me pasa a mí esto? –se preguntaba Malena. Hazte amiga de tu cerebro, échale paciencia y no busques una solución, porque es un proceso largo –dijo su psicólogo Couso en una de las sesiones. Una chica rubia de ojos azules está creciendo desde hace un año y seis días. Observó la muerte de cerca, pero esa sensación cerebral estaba a trescientos kilómetros de ella.
CONTINUARÁ.
Jessica Delgado Pulgarín
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