El negro recorría todos los poros
de su piel como si fuese una serpiente,
que se deslizaba por la oscuridad.
El alma ya no estaba. No existía
razón de ser.
No existía razón de amor.
No existía razón de existencia.
No existía razón de brillar.
No existía Luz.
El rencor y el odio eran los
protagonistas de su vida.
Llegó a conocer el sentido
propio de la manzana.
Con tanta fuerza que su estómago
ardía con tan sólo escuchar
una palabra.
Palabra
que despellejaba
su corazón para dejarlo
más negro aun que el carbón
que nos regalan los Reyes Magos.
Una paloma arribó para regalarle
un hermoso colgante
con el árbol de la vida,
integrando el bien y el mal.
El blanco se adueñó de su vida,
destruyendo a martillazos
el carbón de su costilla.
Arrasó con todo como si fuese
algo que ya estaba en su corazón
escondido tras una coraza,
disfrazada de tridente.
Ya está.
Ya sucedió.
Ya está bien,
aunque seguiré a su lado
si así lo decide
-dijo la paloma.
Maravilloso.
ResponderEliminar