martes, 7 de julio de 2020

El árbol de la vida

El negro recorría todos los poros 
de su piel como si fuese una serpiente, 
que se deslizaba por la oscuridad. 
El alma ya no estaba. No existía  
razón de ser. 

No existía razón de amor. 
No existía razón de existencia. 
No existía razón de brillar. 
No existía Luz. 

El rencor y el odio eran los 
protagonistas de su vida. 
Llegó a conocer el sentido 
propio de la manzana.  
Con tanta fuerza que su estómago 
ardía con tan sólo escuchar  
una palabra. 

Palabra  
que despellejaba  
su corazón para dejarlo 
más negro aun que el carbón 
que nos regalan los Reyes Magos. 

Una paloma arribó para regalarle 
un hermoso colgante 
con el árbol de la vida, 
integrando el bien y el mal. 

El blanco se adueñó de su vida, 
destruyendo a martillazos 
el carbón de su costilla. 

Arrasó con todo como si fuese 
algo que ya estaba en su corazón 
escondido tras una coraza, 
disfrazada de tridente. 

Ya está. 
Ya sucedió. 
Ya está bien, 
aunque seguiré a su lado 
si así lo decide 
-dijo la paloma. 

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