Llueve en el alma de la mariposa
como si no hubiese salida.
Corazón desgarrado por el silencio
continuo, altivo y prepotente.
Olor marcado por el jabón
de azufre en la cara de la tigresa.
Llena de rabia ruge,
porque no entiende
el color azul del firmamento
cobarde y sin sal.
Firmamento sin valor,
por qué la mariposa
habrá andado hasta allí.
Sólo Él lo sabe.
Sólo
Él.
Jessica Delgado
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