de una niña que no sabe
llorar detrás de una ventana,
viendo que la violencia
transita por el coche de fuego.
Esa voz no puede
derramar agua
ni vida ni ilusión,
porque en ese automóvil
está la acuarela de color verde,
–quien le dio la mano el día cero–.
Ese sonido hiriente
de ver las llamas trotando
por un ser querido,
acudiendo a la vida
después de la oscuridad.
Muerte es el aullido
del gato, cuando necesita
a su presa.
Tú estás sola y las estrellas
te miran en la noche,
dándote el consuelo
de que ellos ya están allí.
¿Existe vida después de la muerte?
¿Desde allí lloráis conmigo?
Casi todo está en cuestión en este camino. Lo único que sucederá es que algún día el sol se apagará y el Big Bang será una anécdota. Y las mariposas serán una pizca de mí con toques de sal. Y es que yo soy aquel insecto verde, que muere si no existe la brisa a un segundo de ti en mis mejillas.
Jessica Delgado
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