Las espadas se encuentran en sus ojos
a la espera de la próxima dama, que
observe su pelo recogido al estilo Buda.
Y no sólo su pelo, sino también su voz,
su porte y su caricia diabólica al viento.
No sé que tienen los habitantes
de La Ciudad Erótica
dibujada por samuráis,
algún ángel blanco
y ángeles caídos,
mas es necesario versar aquello
que inspira sólo con un café en el estómago.
Raíces crecen por el pelo
de la radio que recorrió
media España para
vivir de una pluma
con pinta de asesina.
Inspira hondo y fuerte
para soportar la llama que saldrá
de mi boca si te veo en la capital.
Jessica Delgado
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