sobrevuela por mis ojos
una instantánea rebozada
en abono de colibrí,
puesto que el estiércol
en grandes cantidades
no soporta la ley de la gravedad.
Parece que estoy versando al búho,
pero en este micropoema
no permanece
el ave contemplativa.
A él siempre le admiraré,
por más que yo no quiera.
Por azares del destino
vislumbro sustancias nocivas
para la salud mental,
pululando por un lugar,
donde la descripción
es preferible que sea
el silencio.
Por azares del destino,
vuelvo a mirar la instantánea
y ya siento indiferencia
y percibo en mi corazón,
que no me equivoqué
en no cargar en mis espaldas
una situación,
que me iba a llevar
al suicidio en todos los sentidos.
Por azares del destino,
observo en el espejo
mi silueta y ya
me reconozco.
Ya sé que mis letras estarán
tarde o temprano
reflejadas en la humanidad.
Y sucederá,
ya que me alejé a destiempo
de todo aquello,
que ensombrecía
la «explosión» que se halla hoy en mí.
Jessica Delgado
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